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El Placer del Texto

"(...) la  columna de opinión se convierte en una de las últimas trincheras en la que se decide la suerte de la cultura contemporánea"

Pedro Trillo

Publicado: 2014-12-03

Por: Pedro Trillo

Del mismo modo que los novelistas solo tienen que rendir cuentas a Cervantes, a decir de Milan Kundera, Alfredo Barnechea en La Mayoría de Uno (Ed. Aguilar) nos dice que el columnista de opinión solo tiene que hacerlo a su conciencia.

La afirmación de Barnechea parece una verdad de Perogrullo, pero adquiere un nuevo significado a la luz del informe sobre Los periodistas en la aldea global de Lucio Colona-Preti, donde nos muestra los mecanismos de la maquinaria del negocio transnacional de la información que va convirtiendo de forma inexorable a la noble profesión de periodista, en un simple oficio de gana pan. 

 Hace algunos años, una de sus víctimas fue la prestigiosa y veterana periodista de la Casa Blanca Helen Thomas, quién renunció al cargo para no tener que recibir órdenes de Sun Myung Moon, líder de la secta llamada; Iglesia de la Unificación, que compró entonces la agencia de noticias United Press International (UPI) en la que trabajó como reportera desde la época de John F. Kennedy, cubriendo las actividades de siete presidentes de los Estados Unidos de Norteamérica.

Es así que la columna de opinión se convierte en una de las últimas trincheras en la que se decide la suerte de la cultura contemporánea, a contracorriente de la masiva manifestación de estereotipos de la cultura de masas, que es una incultura engendrada políticamente. En oposición a la transformación de lo doxo aristotélico, que es lo común, lo que se ve a simple vista, en lo endoxo, que es su espuria conversión en ley natural para la sociedad y, que se propaga a la velocidad absoluta del tiempo real.

La columna de opinión se constituye en un punto de fuga, en el nadir de una cultura cenital, cultura llena de formas y brillo como las que necesitamos imaginar para llenar con figuras la oscuridad de la bóveda celeste, pero que no pueden ocultar el vacío de contenidos existente en ellas.

Imágenes construidas cuya banalidad oculta cargas de profundidad política al inconsciente, que a través de los medios de comunicación se apropian del tiempo y el espacio público de la psique del ciudadano; y vulgarizan, hace propio del vulgo, un estado de anorexia intelectual y una emocionalidad plana como la pantalla de un televisor.

El tiempo deja de ser un problema metafísico para convertirse en un instrumento político. Paul Virilio señala “el tiempo es una oscuridad más, que finalmente vela los indicios y oculta la verdad de los hechos”.

El columnista de opinión es un resistente, disiente, se aleja de lo endoxo, para transformarlo en paradoxo. Walter Benjamin dice que la crítica es una cuestión de distancia correcta. Toda crítica es un duelo por una pérdida pero también es el inicio del proceso de curación; por ejemplo: La sociedad peruana está de duelo porque el bien más preciado de la Democracia que es su sustancia moral, se ha perdido.

La crítica del columnista de opinión es una vieja herencia que se inscribe en el movimiento llamado Iluminismo que atraviesa transversalmente toda la historia de la humanidad. Su divisa es Sapere aude ¡Atrévete a pensar!, su tarea es atávica e inmemorial, heredada de la más antigua tradición helénica, la de señalar con el dedo de Diógenes e iluminar con su linterna la oscuridad del tiempo que vela los indicios y oculta la verdad de los hechos.

El columnista de opinión toma la realidad contingente, la saca de su eje, provoca su descentramiento y le da un enfoque universal. Nietzsche decía que “hay que llevar en sí mismo un caos para poner una estrella danzante en el universo”, y esta danza solo puede ser la danza cósmica de Shiva. 

El artículo de opinión como un poema sinfónico tiene tempo, cadencia, ritmo; su música interior es pro-vocativa, crea puentes entre la pasión y la razón, que Roland Barthes llama, El placer del texto.

Así, un género periodístico se convierte en un género literario, en una obra de arte, y una obra de arte posmoderna es como el artículo de opinión un acontecimiento, un happening, no está preñado de absoluto, no tiene afán de trascender, no está hecho para durar, está preterizado desde el mismo momento que se termina de escribir, pero como toda obra de arte, su belleza nos conmueve y nos convoca.


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